Alarcón

Alarcón recibe al viajero con su aspecto arrogante de villa medieval sobre una peña abrazada por el río Júcar y protegida por su castillo, uno de los más formidables de nuestra geografía.

Fue sucesivamente asentamiento ibérico, romano y árabe, hasta ser conquistado a los musulmanes en 1184 por Hernán Martínez de Cervellos, capitán del rey castellano Alfonso VIII, que cambió a partir de ese momento el apellido Cevallos por el de Alarcón.

Es en el castillo actualmente rehabilitado como Parador de Turismo, donde un siglo más tarde D. Juna Manuel escribiría buena parte de su obra. Fue precisamente durante el dominio de éste y el posterior de los marqueses de Villena cuando la villa alcanzó su mayor grandeza. La planta del castillo es árabe, la traza triangular del patio queda cerrada en un lado por la Torre del Homenaje, de grandes dimensiones, coronada por una barbacana renancentista; los tros dos lados los componen unas airosas balconadas y dos espacios con arcos fajones apuntados y techo de viguería de madera. El acceso a Alarcón es por un único camino a través de tres puertas de muralla, la Puerta y Torre del Campo, la de Enmedio -de la que arranca el recinto amurallado principal- y la del Bodegón.

Una foto de Alarcón

Las puertas de las murallas suman un total de seis con nombres tan sonoros como la de Chinchilla o de la Traición. Fue un emplazamiento ideal como último baluarte en la lucha de los marqueses de Villena contra Isabel la Católilca.

Declarada Conjunto Histórico por su completo recinto amurallado, la belleza y variedad de sus edificios monumentales. La estructura de la villa es tipicamente medieval.

La Iglesia de la Santa Trinidad, es de dos naves. A los pies de la principal del s. XIII se alza la torre de tres cuerpos, montada sobre la calle.

La otra nave es del s.XVI, construida al mismo tiempo que la fachada plateresca, de rica decoración, cobijada por un airoso pórtico.

La Plaza de D. Juan Manuel se cierra con tres edificios notables: la Casa Palacio parroquial, de un sobrio barroco popular, e Palacio del Concejo, montado sobre una lonja renacentista de arcos rebajados, y la iglesia de San Juan Bautista, edificio herreriano de finales del s.XVI. La iglesia se Santo Domingo de Silos es románica, con intervenciones muy fuertes de los siglos XVI y XVIII. Ha sido sacada de su ruina total y rehabilitada como auditorium y sala de exposiciones.

Renacentista es la fachada del Palacio de los Castañeda, centro de salud y pequeño museo donde se guarda el arca que contenía el Fuero de Alarcón y los privilegios reales.

Otra foto de Alarcón

Sin embargo la más emblematica es la iglesia de Santa María, la única que quedó como parroquia cuando las cinco que había se redujeron a una al final del s. XIX. Se construyó en el s. XVI como búsqueda de templo ideal, muy influenciada por la mentalidad neoplatónica del renacimiento. La traza es un cuadrado enmarcado por doce columnas periféricas y sustentado por cuatro centrales. El ábside es ochavado. De las tres puertas que tiene la iglesia, la más importante es la del medio día, bajo un arco triunfal de columnas pareadas y bóveda de casetones, se aloja la espléndida facchada plateresca. Platerescos son también el retablo, el sagrario, la pila bautismal y la bóveda de estucos de la sacristía, obras de Esteban Jamete y su taller. A los pies hay un coro del siglo XVIII, atribuido a José Martín de Aldehuela. En este recinto, el 4 de diciembre de 1981, se aprobó el estatuo de Autonomía de Castilla-La Mancha.

Tiene interés asimismo en el recinto la antigua Casa de Villena, convertida en casa de cultura y ábside románico del cementerio, restos de lo que fue el Hospital de la Orden de Santiago. Fuera del recinto se encuentran los dos puentes medievales sobre el Júcar, el de El Picazo y el de Henchideros, y los Alarconcillos con la torre del mismo nombre y la de El Cañavate. El paisaje agreste invita al senderismo y la vida en la naturaleza. Muy cerca está el embalse de Alarcón, apto para la pesca y los deportes naúticos. Se pueden visitar los conjuntos monumentales próximos de San Clemente, Villanueva de la Jara y Campillo de Altobuey. En Sisante, Iniesta y Casasimarro hay artesanía de balaustres, muebles dorados, alfombras de nudo y guitarras.

El interés y la variedad de la gastronomía de Alarcón es doble, sencillamente porque se beneficia de las bondades de dos tradiciones culinarias: la albaceteña y la conquense.